So here it goes... IRÉ A LA COMIC CON DE SAN DIEGO.
Ya.
Bien. Este plan existe desde que en enero un amigo que por ahora sólo será conocido como Luis me propuso la idea de ir juntos a la convención de cómics (y cultura pop) más grande del mundo. Los dos somos unos geeks irredentos, así que llevamos años soñando con este día. Yo todavía no tenía un trabajo seguro (seguía como becaria en la revista donde finalmente sí me quedé), así que le dije "No, gracias". Un par de semanas después me renovaron el contrato ya como reportera y una de mis primeras acciones fue decirle: "We're on".
Henos aquí, en este momento, unas horas después de asegurar las entradas (para los 4 días y la preview night), ya reservado el vuelo... sólo nos falta reservar el alojamiento. Eso se resolverá, espero, pronto.
Mi meta actual, aparte de vivir frugalmente hasta pasado el 16 de julio, es documentar nuestro camino a la San Diego Comic Con. Por supuesto, desde allá bloguearé sobre los eventos, actividades, paneles y demás cosas místicas, mágicas y musicales que ocurran durante la convención (11 al 16 de julio).
Primera imagen documental: yo, con mi power shirt (de My Chemical Romance), celebrando con una lata de cerveza sin alcohol!
PD: Lo no chido de esto es que por cuestión económica tendré que perderme Campus Party este año :(
sábado, marzo 03, 2012
Fuck yeah (I'm going to SDCC)
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jueves, marzo 01, 2012
He's alive!! (Tim Burton y Frankenweenie)
El simpático y retorcido Tim ha vuelto. Sí, señoras y señores, tras una década (or so) de películas altamente cuestionables (excepto Corpse Bride y Big Fish), Tim Burton se avista en la lejanía, como la costa después de años inciertos en altamar.
Hoy fue publicado en línea el trailer de uno de los proyectos que tiene preparados para este año: Frankenweenie. And we like it. In fact: we love it.
Hoy fue publicado en línea el trailer de uno de los proyectos que tiene preparados para este año: Frankenweenie. And we like it. In fact: we love it.
Frankenweenie es una reinterpretación del Frankenstein de Mary Shelley, obra que inspira a un niño a devolverle la vida a su perro muerto. No es la primera vez que Burton ofrece esta historia: el largometraje que se estrenará en octubre de este año es la versión extendida de uno de sus primeros cortometrajes.
Aquel corto de 1984 era live action y, básicamente, nos presentó a Víctor, un chico - reminiscente del propio Burton - que filmaba películas de horror con su perro Sparky como protagonista. En un descuido, Sparky es atropellado y muere, dejando a Víctor en la absoluta desolación.
En el trailer de dos minutos que salió a la luz el día de hoy, aprendemos esa premisa y escuchamos las palabras clave que desatarán la locura posterior: "If we could bring him back, we would..." dice su madre al triste y desesperanzado Víctor.
A diferencia del Frankenweenie de hace casi treinta años, el actual es una cinta animada en stop motion, técnica que Burton ha utilizado previamente como productor y como director en el corto Víctor (1982) y en las películas The Nightmare Before Christmas (1993), James and the Giant Peach (1996), y Corpse Bride (2005). Además, esta cinta viene en blanco y negro, dándole una sensación de antigüedad y recordando el estilo de esas mismas películas caseras que Tim y Víctor produjeron en sus respectivas infancias.
Los mejores momentos del trailer:
- El vecinito que se parece al clásico Igor (que, dato interesante para quienes no la leyeron: no existe en la novela de Mary Shelley).
- La cara de Sparky sonriendo a Víctor debajo de la manta en el laboratorio (¿quién no se acordó de sus mascotas esperando en casa?).
- Las palabras de consuelo de mamá: "If we could bring him back, we would...".
- La hermosa sensación de recuperar de las tinieblas a uno de los grandes directores de lo retorcido y lo excéntrico, porque creo que estarán de acuerdo cuando vean el trailer con que sí, Tim Burton navega de regreso hacia nosotros. O viceversa. O ambas.
Hasta que octubre nos demuestre lo contrario, podemos proclamar: He is alive!
PD: La música, desde luego, es de Danny Elfman.
Frankenweenie (2012)
Director: Tim Burton
País: EUA
Cast: Winona Ryder, Catherine O'Hara, Martin Short, Martin Landau
Fecha de estreno: 5 de octubre de 2012
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viernes, febrero 10, 2012
La insoportable levedad del... Episodio I
Me encanta mi trabajo. Me permite hacer cosas como ir a ver el Episodio I de Star Wars en 3D... antes del estreno. Y ¿saben qué? Fue divertido. Porque sólo una fracción de la sala era gente a la que no le interesa Star Wars = bufidos de odio con la aparición de Jar Jar, uno que otro "oh" y "ah" ante la presencia de Darth Maul y unas ricas carcajadas internas (externadas como rasposos y solitarios "Ja"s) con una línea del canciller Palpatine (que sólo es irónica -y, por lo tanto, divertida- cuando sabes en qué acaba la saga).
Como bien dijera hace unos días mi querido amigo/colega/compañero Alex Rocha (con quien hacía el turno Beatle de los sábados en Concepto Radial): es tan relajante hablar con otro fan de Star Wars... así que el camino de regreso post-EpisodioIen3D me dediqué a eso, discutir elementos clave de la saga y el universo extendido con Rioja, quien me acompañó en esta aventura (y es, en general, quien me acompaña a muchas de las geekoaventuras que nos ocurren ya por la pura naturaleza de nuestras locuras).
Ahora, al punto: ¿vale la pena ver el Episodio I en 3D? (Después de todo, me envían a reseñar películas, no nada más a geekear)
La mera verdad... no. Si vas con otros fans es divertido porque puedes reseñarla de inmediato o sólo lanzarse codazos y miraditas significativas en momentos clave. Si no eres fan... pues a lo mejor te entretiene.
El 3D es absolutamente innecesario. Uno espera grandes cosas cuando imagina un uso de esa tecnología en, digamos, la carrera de pods en Tatooine o los enfrentamientos Jedi vs Sith. Quizá en estos últimos tenga más sentido, pero en realidad no aporta mucho. Sí le da profundidad interesante a las tomas del espacio y ya en serio en serio me gustó leer la introducción (ya saben: letritas amarillas perdiéndose en el Universo) en 3D. Eso y la música (que no viene al caso en este momento) son lo mejor de esta película. Y Qui Gon. Aunque su existencia or lack thereof sea un agujero enorme en la trama de la saga.
Anakin... sucks. No es culpa de la edad, porque hay niños actores maravillosos que le hubieran dado credibilidad al personaje. Más bien se debe a que en general Anakin niño-adolescente-jovenadulto apesta. Eso, señores, es culpa de Lucas.
No hace falta decir mucho sobre lo mal escrita que está la película ni lo problemática que resulta a la hora de sacar cuentas rumbo al Episodio IV. Pero pasa como con las otras dos de esta trilogía, los mejores momentos son retrospectivos, es decir, diálogos como el que nos hizo reír donde un recién electo canciller Palpatine dice al diminuto Anakin "And you, young Skywalker, we shall watch your career with great interest". Es graciosa e irónica porque tenemos el antecedente de la trilogía original. Pero nada más. Si nunca las viste y empiezas por la I es una manera terrible de arruinarte las siguientes 5. Do not.
Algo que sí está pro son los enfrentamientos (excepto la muy fea muerte de Darth Maul), coreografiados por Nick Gilliard, coordinador de stunts en la trilogía de precuelas.
Episodio I: La Amenaza Fantasma en 3D no me decepcionó porque yo sabía a lo que iba. Sé que es una película malita con buenos efectos visuales, sé que es Star Wars y sé que ninguna cantidad de trucos Jedi lograrán transformarla en algo mejor.
El asunto es que esta situación de amor-odio hacia George Lucas tiene que cambiar. Podríamos proponerle una tregua. Usted deja de arruinar nuestras películas (porque enfréntelo, cuando las puso en la pantallota se convirtieron en nuestra propiedad) y nosotros lo dejamos que siga vendiéndonos parafernalia. Porque además seamos sinceros... ¿quién fue a comprar cajas de cereal innecesario sólo para tener una 'cuchara láser' promocional? Sé que yo lo hice. Tengo la de Yoda. Y quiero la de R2.
Ya sé, me doy asco.
PD: Es terrible, me enojo con Lucas pero sigo alimentándolo. But aren't we all?
Como bien dijera hace unos días mi querido amigo/colega/compañero Alex Rocha (con quien hacía el turno Beatle de los sábados en Concepto Radial): es tan relajante hablar con otro fan de Star Wars... así que el camino de regreso post-EpisodioIen3D me dediqué a eso, discutir elementos clave de la saga y el universo extendido con Rioja, quien me acompañó en esta aventura (y es, en general, quien me acompaña a muchas de las geekoaventuras que nos ocurren ya por la pura naturaleza de nuestras locuras).
Ahora, al punto: ¿vale la pena ver el Episodio I en 3D? (Después de todo, me envían a reseñar películas, no nada más a geekear)
La mera verdad... no. Si vas con otros fans es divertido porque puedes reseñarla de inmediato o sólo lanzarse codazos y miraditas significativas en momentos clave. Si no eres fan... pues a lo mejor te entretiene.
El 3D es absolutamente innecesario. Uno espera grandes cosas cuando imagina un uso de esa tecnología en, digamos, la carrera de pods en Tatooine o los enfrentamientos Jedi vs Sith. Quizá en estos últimos tenga más sentido, pero en realidad no aporta mucho. Sí le da profundidad interesante a las tomas del espacio y ya en serio en serio me gustó leer la introducción (ya saben: letritas amarillas perdiéndose en el Universo) en 3D. Eso y la música (que no viene al caso en este momento) son lo mejor de esta película. Y Qui Gon. Aunque su existencia or lack thereof sea un agujero enorme en la trama de la saga.
Anakin... sucks. No es culpa de la edad, porque hay niños actores maravillosos que le hubieran dado credibilidad al personaje. Más bien se debe a que en general Anakin niño-adolescente-jovenadulto apesta. Eso, señores, es culpa de Lucas.
No hace falta decir mucho sobre lo mal escrita que está la película ni lo problemática que resulta a la hora de sacar cuentas rumbo al Episodio IV. Pero pasa como con las otras dos de esta trilogía, los mejores momentos son retrospectivos, es decir, diálogos como el que nos hizo reír donde un recién electo canciller Palpatine dice al diminuto Anakin "And you, young Skywalker, we shall watch your career with great interest". Es graciosa e irónica porque tenemos el antecedente de la trilogía original. Pero nada más. Si nunca las viste y empiezas por la I es una manera terrible de arruinarte las siguientes 5. Do not.
Algo que sí está pro son los enfrentamientos (excepto la muy fea muerte de Darth Maul), coreografiados por Nick Gilliard, coordinador de stunts en la trilogía de precuelas.
Episodio I: La Amenaza Fantasma en 3D no me decepcionó porque yo sabía a lo que iba. Sé que es una película malita con buenos efectos visuales, sé que es Star Wars y sé que ninguna cantidad de trucos Jedi lograrán transformarla en algo mejor.
El asunto es que esta situación de amor-odio hacia George Lucas tiene que cambiar. Podríamos proponerle una tregua. Usted deja de arruinar nuestras películas (porque enfréntelo, cuando las puso en la pantallota se convirtieron en nuestra propiedad) y nosotros lo dejamos que siga vendiéndonos parafernalia. Porque además seamos sinceros... ¿quién fue a comprar cajas de cereal innecesario sólo para tener una 'cuchara láser' promocional? Sé que yo lo hice. Tengo la de Yoda. Y quiero la de R2.
Ya sé, me doy asco.
PD: Es terrible, me enojo con Lucas pero sigo alimentándolo. But aren't we all?
lunes, enero 23, 2012
Reloading...
Cinco meses de silencio. No tengo perdón de Dios. Y, ¿por qué? ¿es acaso el miedo a la pantalla? ¿a que me falten las palabras? ¿a que me sobren? No es que no se me ocurran temas, es quizá el eterno temorcillo a ... ¿a qué? No lo sé, francamente. Pero hoy escribo estas palabras porque me disculpo (más con el propio espacio que conmigo).
No es, puedo asegurar (creo), el miedo a que nadie me lea, pues aunque agradezco todo par de ojos que pase por estos rumbos, el deber del escritor es, ante todo, consigo mismo. Y mi deber como escritora (tejedora de palabras, como un amigo me dijera hace algunos años) es, primero que otra cosa, conmigo misma. Porque todos los días escribo (o redacto, que no es igual) en mi cabeza, al menos unas cuantas cuartillas, pero de eso a que sobrevivan el trayecto del metro o el microbús, ya es otro asunto.
Por eso hoy, antes de empezar mis menesteres laborales, me tomo un ratito para medio poner en el editor de texto una entrada que desarrollé en mis quince minutos que van de metro Patriotismo a la oficina de la editorial donde trabajo.
Debo recuentos sobre lo sucedido entre el 20 de agosto y los mediados de diciembre del año pasado, que marcan los límites aproximados de ese último semestre universitario. Debo agradecimientos y recordatorios que no he escrito, quizá, porque me da miedito esto de la remembranza cursilona (porque, después de todo, soy, efectivamente, una nena). Y sin embargo (tiene razón Arturo, es bonito decir "y sin embargo") estoy consciente de que son necesarios. Los escribiré, seguramente más tarde que temprano, dentro de, tal vez, algunos años. Cuando me entre la nostalgia por los cafés, charlas, regresos en autobús, salidas épicas, exámenes, peleas y demás intercambios mágicos que componen la estructura ósea de mi vida académica y social de aquellos meses.
Hoy, no obstante, recuerdo que también debería serme útil y escribir un poco sobre cada libro que leo. Porque aunque no tanto como cuando era más chica, sigo devorando un poco de novela, otro de ensayo histórico, otro montoncillo de cuento, etcétera. Y películas, también, porque tras mis sequías cinematográficas, últimamente he regresado a los complejos y las butacas, aunque nunca abandoné en realidad eso de ver películas, que es una actividad muy engranada en mi familia.
Y música, por supuesto. Considerando que es una de mis carreteras para la vida, sería interesante darle una repasadita a mi música. Y buscar también algo nuevo, porque sigo muy metida en mis clásicos.
En fin, que quizá incluso me ponga a hacer bitácoras laborales, porque con esto del reporteo en los temas que me llenan voy encontrándome con algunas experiencias molto interesantes. Quién sabe, a lo mejor en unos meses les blogueo desde, no sé, alguna de esas cosas geeks que tanto me gustan.
Por cierto, disculpen si de repente el blog pasa del español al inglés, pero sin afán de sonar pretenciosa, a veces no puedo evitar que ciertos temas se me construyan mejor en modo anglosajón. Es inevitable. Vaya, pero si quienes hablan más conmigo lo viven día tras día.
Habiendo establecido estas condiciones, me despido por hoy, pero no por mucho tiempo más. Feliz año pseudo apocalíptico :)
No es, puedo asegurar (creo), el miedo a que nadie me lea, pues aunque agradezco todo par de ojos que pase por estos rumbos, el deber del escritor es, ante todo, consigo mismo. Y mi deber como escritora (tejedora de palabras, como un amigo me dijera hace algunos años) es, primero que otra cosa, conmigo misma. Porque todos los días escribo (o redacto, que no es igual) en mi cabeza, al menos unas cuantas cuartillas, pero de eso a que sobrevivan el trayecto del metro o el microbús, ya es otro asunto.
Por eso hoy, antes de empezar mis menesteres laborales, me tomo un ratito para medio poner en el editor de texto una entrada que desarrollé en mis quince minutos que van de metro Patriotismo a la oficina de la editorial donde trabajo.
Debo recuentos sobre lo sucedido entre el 20 de agosto y los mediados de diciembre del año pasado, que marcan los límites aproximados de ese último semestre universitario. Debo agradecimientos y recordatorios que no he escrito, quizá, porque me da miedito esto de la remembranza cursilona (porque, después de todo, soy, efectivamente, una nena). Y sin embargo (tiene razón Arturo, es bonito decir "y sin embargo") estoy consciente de que son necesarios. Los escribiré, seguramente más tarde que temprano, dentro de, tal vez, algunos años. Cuando me entre la nostalgia por los cafés, charlas, regresos en autobús, salidas épicas, exámenes, peleas y demás intercambios mágicos que componen la estructura ósea de mi vida académica y social de aquellos meses.
Hoy, no obstante, recuerdo que también debería serme útil y escribir un poco sobre cada libro que leo. Porque aunque no tanto como cuando era más chica, sigo devorando un poco de novela, otro de ensayo histórico, otro montoncillo de cuento, etcétera. Y películas, también, porque tras mis sequías cinematográficas, últimamente he regresado a los complejos y las butacas, aunque nunca abandoné en realidad eso de ver películas, que es una actividad muy engranada en mi familia.
Y música, por supuesto. Considerando que es una de mis carreteras para la vida, sería interesante darle una repasadita a mi música. Y buscar también algo nuevo, porque sigo muy metida en mis clásicos.
En fin, que quizá incluso me ponga a hacer bitácoras laborales, porque con esto del reporteo en los temas que me llenan voy encontrándome con algunas experiencias molto interesantes. Quién sabe, a lo mejor en unos meses les blogueo desde, no sé, alguna de esas cosas geeks que tanto me gustan.
Por cierto, disculpen si de repente el blog pasa del español al inglés, pero sin afán de sonar pretenciosa, a veces no puedo evitar que ciertos temas se me construyan mejor en modo anglosajón. Es inevitable. Vaya, pero si quienes hablan más conmigo lo viven día tras día.
Habiendo establecido estas condiciones, me despido por hoy, pero no por mucho tiempo más. Feliz año pseudo apocalíptico :)
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sábado, agosto 20, 2011
Quiero creer.
Este espacio, en este momento, no es un blog informativo. Es un desahogo. Es una pausa en mis kilos de tarea, porque mi profesión me lo pide. Mi conciencia me exige esta reflexión.
Como ya saben, se suspendió el partido Santos - Morelia debido a una balacera que ocurrió a las afueras del estadio Territorio Santos Modelo, en Torreón, Coahuila. Yo no veía el partido, estaba en mi cuarto trabajando en la práctica de Fotoperiodismo. Siempre tengo abierta mi cuenta de Twitter. Ya se me hizo costumbre. Si no es por eso, no hubiera sabido... leí en un tuit, ya no sé de quién, que suspendían el partido en Torreón por una balacera. Bajé a cambiarle a la tele, mis papás veían el final de una película.
Vimos, impresionados, la cobertura de ESPN. Ni siquiera consideramos cambiarle a Azteca o a Televisa. Sí le pusimos unos segundos a MilenioTV. Preferimos regresar a ESPN. Hicieron una mejor cobertura. No me atrevo a decir que fue brillante, pero para ser periodistas deportivos que no suelen cubrir hechos de la naturaleza de los de hoy, lo hicieron mejor que los que sí: entiéndase Televisa y TV Azteca. No puedo decir mucho acerca de la primera porque no la vi, me guío por comentarios leídos en Twitter de las cuentas de personas en cuyo criterio confío. Sobre TV Azteca pude ver la repetición de todo en el canal de -2 horas... y qué pena. Los comentaristas se alteraron y quiero pensar que detecté el momento del regaño, un silencio de un par de segundos después de que uno de ellos hablase sobre la "maldita inseguridad" y la "vergüenza" del estado en que se encuentra el país. Unos minutos después de ello se confirmó la suspensión del partido y cortaron la transmisión. ¿Qué insertaron? No fue una cobertura especial ni un corte informativo... fueron episodios de uno de sus programas estúpidos: "Ya cayó".
Se me revolvió el estómago con esto. No pude evitarlo: ni el retortijón ni el nudo en la garganta. El mismo nudo que sentí cuando los compañeros del Tec en Monterrey y cuando la masacre de Villas de Salvárcar y cada vez que pasa algo así... Y no es que me horrorice porque sucedió durante un partido de futbol. No es que piense que el futbol es sagrado y no debería suceder ahí y sí en otros casos. Es que son símbolos. Son momentos simbólicos en los que no hay cómo ocultar lo que ocurre. Aunque TV Azteca omita la información escudándose en su acuerdo aquél que tan bien recordamos, aunque se guarden la información... otros canales siguen la cobertura.
Y Twitter. ¿Qué les digo sobre Twitter? Ahí me enteré. Y un vistazo a mi timeline me retorció el cuello. Todos peleando. Unos porque exigen paz y culpan a los criminales, otros porque culpan al presidente del país, otros porque culpan a los que se culpan entre ellos. Gente ofendiendo y dividiendo. Los que dicen que no importa porque eso ocurre todos los días. Los que dicen que cómo es posible esto en un estadio, como si los otros lugares fueran cualquier cosa. Los que dicen que el futbol qué, que dejen de quejarse. Los que hacen chistes estúpidos. Los que defienden el actuar de las televisoras. Los que denigran a quienes defienden el actuar de las televisoras. Los que dicen que a quién le importa la cobertura. Los que dicen que no sirve de nada manifestarse o proponer una expresión de desacuerdo o que nada sirve nunca y prefieren hacerse mensos pensando en cualquier otro asunto. Los que así, sucesivamente, hasta que se diluya. Hasta que pase otra cosa que nos haga olvidar o relegar.
O qué sé yo. No tengo respuestas. Tengo muchas preguntas y dudas y confusiones. No sé qué va a pasar con mi país. No sé qué va a pasar con mi gente. No sé qué va a pasar conmigo. Ni con el de al lado. Ni con mi mejor amigo que vive en Chihuahua y me da un terror inaudito que un día le pase algo. Ni con mi familia que vive conmigo en el DF y hasta ahora nos hemos salvado, irónicamente, en la ciudad de México, a la que tanta gente le tenía miedo. Tengo miedo. Tengo miedo de mis amigos y compañeros de periodismo a quienes a lo peor nos toca algún día cubrir estos asuntos. Tengo miedo del miedo y de mejor huir para no enfrentarme a ello.
Creo que me anima un poco ver la reacción de la gente en el estadio. Sí hubo miedo y hubo incertidumbre y hubo su dosis de caos. Pero no hubo estampida ni sofocación ni aplastamientos. La gente se portó a la altura. Las personas se ayudaron mutuamente. Se consolaron y se apoyaron. La directiva dio la cara por sus aficionados. No hubo una evacuación irresponsable. Quiero creer que más allá de lo horrible que es acostumbrarse a vivir así, estas acciones hablan de un mejor México posible.
Quiero creer.
Como ya saben, se suspendió el partido Santos - Morelia debido a una balacera que ocurrió a las afueras del estadio Territorio Santos Modelo, en Torreón, Coahuila. Yo no veía el partido, estaba en mi cuarto trabajando en la práctica de Fotoperiodismo. Siempre tengo abierta mi cuenta de Twitter. Ya se me hizo costumbre. Si no es por eso, no hubiera sabido... leí en un tuit, ya no sé de quién, que suspendían el partido en Torreón por una balacera. Bajé a cambiarle a la tele, mis papás veían el final de una película.
Vimos, impresionados, la cobertura de ESPN. Ni siquiera consideramos cambiarle a Azteca o a Televisa. Sí le pusimos unos segundos a MilenioTV. Preferimos regresar a ESPN. Hicieron una mejor cobertura. No me atrevo a decir que fue brillante, pero para ser periodistas deportivos que no suelen cubrir hechos de la naturaleza de los de hoy, lo hicieron mejor que los que sí: entiéndase Televisa y TV Azteca. No puedo decir mucho acerca de la primera porque no la vi, me guío por comentarios leídos en Twitter de las cuentas de personas en cuyo criterio confío. Sobre TV Azteca pude ver la repetición de todo en el canal de -2 horas... y qué pena. Los comentaristas se alteraron y quiero pensar que detecté el momento del regaño, un silencio de un par de segundos después de que uno de ellos hablase sobre la "maldita inseguridad" y la "vergüenza" del estado en que se encuentra el país. Unos minutos después de ello se confirmó la suspensión del partido y cortaron la transmisión. ¿Qué insertaron? No fue una cobertura especial ni un corte informativo... fueron episodios de uno de sus programas estúpidos: "Ya cayó".
Se me revolvió el estómago con esto. No pude evitarlo: ni el retortijón ni el nudo en la garganta. El mismo nudo que sentí cuando los compañeros del Tec en Monterrey y cuando la masacre de Villas de Salvárcar y cada vez que pasa algo así... Y no es que me horrorice porque sucedió durante un partido de futbol. No es que piense que el futbol es sagrado y no debería suceder ahí y sí en otros casos. Es que son símbolos. Son momentos simbólicos en los que no hay cómo ocultar lo que ocurre. Aunque TV Azteca omita la información escudándose en su acuerdo aquél que tan bien recordamos, aunque se guarden la información... otros canales siguen la cobertura.
Y Twitter. ¿Qué les digo sobre Twitter? Ahí me enteré. Y un vistazo a mi timeline me retorció el cuello. Todos peleando. Unos porque exigen paz y culpan a los criminales, otros porque culpan al presidente del país, otros porque culpan a los que se culpan entre ellos. Gente ofendiendo y dividiendo. Los que dicen que no importa porque eso ocurre todos los días. Los que dicen que cómo es posible esto en un estadio, como si los otros lugares fueran cualquier cosa. Los que dicen que el futbol qué, que dejen de quejarse. Los que hacen chistes estúpidos. Los que defienden el actuar de las televisoras. Los que denigran a quienes defienden el actuar de las televisoras. Los que dicen que a quién le importa la cobertura. Los que dicen que no sirve de nada manifestarse o proponer una expresión de desacuerdo o que nada sirve nunca y prefieren hacerse mensos pensando en cualquier otro asunto. Los que así, sucesivamente, hasta que se diluya. Hasta que pase otra cosa que nos haga olvidar o relegar.
O qué sé yo. No tengo respuestas. Tengo muchas preguntas y dudas y confusiones. No sé qué va a pasar con mi país. No sé qué va a pasar con mi gente. No sé qué va a pasar conmigo. Ni con el de al lado. Ni con mi mejor amigo que vive en Chihuahua y me da un terror inaudito que un día le pase algo. Ni con mi familia que vive conmigo en el DF y hasta ahora nos hemos salvado, irónicamente, en la ciudad de México, a la que tanta gente le tenía miedo. Tengo miedo. Tengo miedo de mis amigos y compañeros de periodismo a quienes a lo peor nos toca algún día cubrir estos asuntos. Tengo miedo del miedo y de mejor huir para no enfrentarme a ello.
Creo que me anima un poco ver la reacción de la gente en el estadio. Sí hubo miedo y hubo incertidumbre y hubo su dosis de caos. Pero no hubo estampida ni sofocación ni aplastamientos. La gente se portó a la altura. Las personas se ayudaron mutuamente. Se consolaron y se apoyaron. La directiva dio la cara por sus aficionados. No hubo una evacuación irresponsable. Quiero creer que más allá de lo horrible que es acostumbrarse a vivir así, estas acciones hablan de un mejor México posible.
Quiero creer.
lunes, agosto 08, 2011
It all ends...
Estoy nerviosa como si fuera el primer día de la universidad. Un buen amigo me hizo notarlo hace unos minutos. No es el primer día de clases de la carrera, pero sí es el último primer día de clases de nuestra educación pre Maestrías y Doctorados. Luego vamos al mundo real.
Una amiga adorable, pequeñita de tamaño pero muy grande en otros sentidos más abstractos, me sacó un par de lágrimas con un correo acerca de esta recta final. No es que quiera ponerme sentimental y cursi, pero de verdad es muy extraño esto. He vivido siete años de mi vida en esta escuela. He vivido muchas cosas a partir de ella. He conocido a gente increíble; algunos se han ido, otros se diluyeron en la historia, pero otros se quedaron y los agradezco infinitamente.
Este semestre, gracias a la magia de las materias de tronco común, llevaré clase con algunos de ellos. Tristemente no se podrá con todos, pero otras mágicas coincidencias nos dieron horarios similares y podremos encontrarnos aunque sea para un café... o un abrazo de casi-despedida.
Can't help it, doomsday's coming. Esta entrada es sólo un pequeño respiro antes de lanzarnos al agua. Las bocanadas vendrán en parciales y el calambre llegará por ahí de los exámenes finales. Cruzaremos la meta cerca del 7 de diciembre. Para entonces habrá un texto largo, lloroso y alegre. Habrá menciones específicas y chistes locales. Habrá música.
Y habrá muchos buenos deseos.
Por ahora, que quienes empiecen clases este 8 de agosto tengan un buen semestre. Quienes, como mis amigos y yo, vivirán su último primer día de clases: disfruten cada minuto. Aunque tengan una materia o dos o tres, disfruten. Porque el semestre se irá rápido. Como se nos han ido estos años de universidad.
Una amiga adorable, pequeñita de tamaño pero muy grande en otros sentidos más abstractos, me sacó un par de lágrimas con un correo acerca de esta recta final. No es que quiera ponerme sentimental y cursi, pero de verdad es muy extraño esto. He vivido siete años de mi vida en esta escuela. He vivido muchas cosas a partir de ella. He conocido a gente increíble; algunos se han ido, otros se diluyeron en la historia, pero otros se quedaron y los agradezco infinitamente.
Este semestre, gracias a la magia de las materias de tronco común, llevaré clase con algunos de ellos. Tristemente no se podrá con todos, pero otras mágicas coincidencias nos dieron horarios similares y podremos encontrarnos aunque sea para un café... o un abrazo de casi-despedida.
Can't help it, doomsday's coming. Esta entrada es sólo un pequeño respiro antes de lanzarnos al agua. Las bocanadas vendrán en parciales y el calambre llegará por ahí de los exámenes finales. Cruzaremos la meta cerca del 7 de diciembre. Para entonces habrá un texto largo, lloroso y alegre. Habrá menciones específicas y chistes locales. Habrá música.
Y habrá muchos buenos deseos.
Por ahora, que quienes empiecen clases este 8 de agosto tengan un buen semestre. Quienes, como mis amigos y yo, vivirán su último primer día de clases: disfruten cada minuto. Aunque tengan una materia o dos o tres, disfruten. Porque el semestre se irá rápido. Como se nos han ido estos años de universidad.
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miércoles, julio 27, 2011
Día 10: Una canción que te haga dormir
No tengo mucho que agregar aquí. He tenido tantas listas de reproducción para relajarme y descansar, que no podría citar una. Me voy a lo que me ha ayudado a dormir esta última semana en particular.
"Signify" - Porcupine Tree
No sé mucho sobre esta banda. Sólo que íbamos escuchándola en el carro de Genaro la última vez que fuimos a una tocada de Alexia. Y que se me recomendó escucharlos más a fondo.
El otro día le pregunté si alguna canción en particular podría acompañarme a conciliar el sueño y dijo que del disco Signify no recordaba alguna que pudiera sobresaltarme. Therefore... escuché el disco.
Generalmente caigo a la quinta canción, pero la primera (segunda, en realidad) es la que cuenta.
Here you go:
"Signify" - Porcupine Tree
No sé mucho sobre esta banda. Sólo que íbamos escuchándola en el carro de Genaro la última vez que fuimos a una tocada de Alexia. Y que se me recomendó escucharlos más a fondo.
El otro día le pregunté si alguna canción en particular podría acompañarme a conciliar el sueño y dijo que del disco Signify no recordaba alguna que pudiera sobresaltarme. Therefore... escuché el disco.
Generalmente caigo a la quinta canción, pero la primera (segunda, en realidad) es la que cuenta.
Here you go:
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